La comunicación tiene el poder de informar, orientar, conectar y sobre todo, transformar, cuando se pone al servicio de las comunidades, deja de ser únicamente una profesión para convertirse en una herramienta capaz de visibilizar necesidades, acercar soluciones y acompañar procesos que buscan mejorar la calidad de vida de las personas.
Mi acercamiento al trabajo comunitario comenzó prácticamente al mismo tiempo que mis primeros pasos en la comunicación, en ese proceso fui descubriendo que detrás de cada comunidad hay historias, necesidades, sueños y personas dispuestas a trabajar para producir cambios, y entendí que el comunicador puede desempeñar un papel fundamental para que esas historias sean conocidas y para que las iniciativas sociales puedan llegar a quienes más las necesitan.
Durante mi formación en la Escuela Nacional de Locución Otto Rivera, tuve la oportunidad de conocer al pastor Leonardo Castro, quien me invitó a conocer la Fundación de Niños Mi Barca de Amor, en Pueblo Chico, Manoguayabo.
Cada sábado acudíamos a cubrir las diferentes actividades que se desarrollaban con los niños, entre ellas manualidades, formación humana y otras iniciativas educativas, con el tiempo, aquella experiencia fue mucho más allá de una cobertura periodística: terminé convirtiéndome en su relacionista pública.
Esa experiencia me permitió comprender que comunicar también significa involucrarse, conocer de cerca las realidades y utilizar las herramientas de la comunicación para fortalecer proyectos que impactan positivamente a las personas.
*Comunicación y trabajo social en Santo Domingo Oeste*
Vinicio Aquino entregando líneas de procesos, junto a su hermano Ramón Figueroa.Posteriormente, a través del periodista Joel Suero, conocí a Vinicio Aquino, con quien comencé a trabajar en relaciones públicas. El trabajo se desarrollaba principalmente en distintos barrios necesitados del municipio Santo Domingo Oeste, donde participábamos en jornadas sociales y actividades dirigidas a familias y personas en condiciones de vulnerabilidad.
Aquellos recorridos por los barrios me permitieron conocer una realidad que muchas veces no aparece en los grandes titulares: comunidades que necesitan ser escuchadas, acompañadas y conectadas con quienes pueden aportar soluciones.
Juramentación de la Federación de Mujeres Las GolondrinasMás adelante, la reconocida comunitaria, Juana Pichardo me invitó a formar parte de la Federación de Mujeres Las Golondrinas, organización de la cual soy fundadora y donde he desempeñado funciones relacionadas con la comunicación.
El propósito de esta federación ha sido contribuir al desarrollo de las mujeres mediante iniciativas que les permitan avanzar y generar oportunidades, emprendimientos, charlas educativas, cursos de cocina y costura, operativos médicos y otras acciones forman parte de ese trabajo comunitario.
En este escenario confirmé algo que considero esencial: cuando una comunidad se organiza y comunica sus necesidades, puede convertirlas en propuestas y buscar respuestas colectivas, dar visibilidad también es servir.
Operativo médico de la Dr.Carmen PereyraLa doctora Carmen Pereyra también me invitó a formar parte de la fundación que lleva su nombre, allí asumí la responsabilidad de comunicar y dar a conocer las acciones que realizaba la institución en beneficio de la comunidad.
Operativos médicos, capacitaciones y diferentes servicios sociales requerían no solamente ser ejecutados, sino también comunicados correctamente para que las personas pudieran conocerlos y aprovecharlos.
Esto demuestra que la comunicación tiene una doble función dentro de los proyectos sociales: visibiliza lo que se hace y facilita que quienes necesitan ayuda puedan encontrarla.
De igual manera, Pablo Valdez me invitó a formar parte del Club Nuevo Ambiente (ASOCLUBNUAM), desde donde se desarrollaban iniciativas dirigidas especialmente a jóvenes y adolescentes, incluyendo acciones educativas relacionadas con la prevención del embarazo en adolescentes.
Cada experiencia ampliaba mi visión sobre el papel que puede desempeñar un profesional de la comunicación cuando decide colocar sus conocimientos al servicio de la sociedad.
El presidente de la Federación Nacional de Mototaxista (UNAMOTAXI), Esteban Beltre, me solicitó para colaborarle con la dirección de comunicación de la entidad y ha sido una gran experiencia, ya que junto a otros periodista y comunicadores hemos apoyado a ese sector desde el inicio de su organización, hemos sido parte de cada proceso de su desarrollo.
Uno de los capítulos que más fortaleció mi vínculo con las comunidades fue mi experiencia junto al Área VII de Salud, dirigida en ese momento por el doctor Félix Roa.
Fui contratada para trabajar en las relaciones públicas de esa institución, función que desempeñé durante dos años de manera honorífica.
Desde allí pude acompañar iniciativas dirigidas a sectores vulnerables de Santo Domingo Oeste, incluyendo jornadas de salud, prevención y otras acciones comunitarias.
El contacto directo con los munícipes me permitió comprender que la comunicación en el área social no puede hacerse únicamente desde una oficina, hay que salir, caminar los barrios, escuchar a la gente y conocer de primera mano cuáles son sus preocupaciones.
*Del trabajo comunitario local al ámbito nacional*
Junto al exdirector de INAVI, Félix Grullón y el equipo de camino a la vivienda de una familia necesitada a brindarle apoyo.Posteriormente asumí funciones como encargada de comunicación en el INAVI, junto a Félix Grullón, experiencia que amplió considerablemente el alcance territorial de mi trabajo.
Las jornadas llegaron a diferentes zonas vulnerables del país, donde se trabajaba con familias de escasos recursos a las que se les entregaban enseres del hogar, útiles escolares y otras facilidades destinadas a contribuir con su bienestar.
La comunicación adquiría entonces una dimensión nacional: no solamente se trataba de contar lo que se estaba haciendo, sino de acompañar procesos humanos, conocer historias familiares y comprender que detrás de cada ayuda hay una necesidad concreta.
*Una experiencia que comenzó en mi propio sector*
El trabajo comunitario también llegó a mi propia casa, en el sector San Benito, fui elegida presidenta de la Junta de Vecinos, responsabilidad desde la cual hemos desarrollado un trabajo constante para gestionar soluciones a necesidades de la comunidad.
Entre los logros alcanzados figuran acciones relacionadas con la iluminación, reparación de calles, construcción de drenajes pluviales, saneamiento de cañadas y otras obras.
Esta experiencia me ha permitido comprobar que la comunicación comunitaria no necesariamente requiere cámaras, micrófonos o grandes escenarios.
A veces comienza con una reunión de vecinos, una carta, una gestión ante una institución, una conversación con un funcionario o simplemente con la capacidad de organizar a un grupo de personas alrededor de una necesidad común.
Comunicar desde el campo dominicano
Junto al director del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA), Hecmilio Galván.Actualmente, mi trabajo en el Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA), dirigido por Hecmilio Galván, me ha permitido continuar desarrollando esta visión desde una perspectiva nacional.
Como encargada de comunicación, he tenido la oportunidad de acompañar diversas jornadas sociales en comunidades y zonas vulnerables del país, teniendo contacto con agricultores, mujeres emprendedoras, jóvenes y familias que trabajan diariamente para salir adelante.
Este trabajo me ha permitido recorrer distintas zonas rurales y conocer de cerca las realidades de nuestra gente.
Explorar las lomas, caminos y comunidades del país me ha enseñado que República Dominicana tiene historias extraordinarias que merecen ser contadas.
Historias de agricultores que trabajan desde antes de que salga el sol; de mujeres que emprenden para sostener a sus familias; de jóvenes que buscan oportunidades; y de comunidades que, a pesar de sus dificultades, mantienen intacta la esperanza.
*La comunicación como puente*
Después de tantos años vinculada al trabajo comunitario, considero que la comunicación tiene una responsabilidad que va mucho más allá de informar.
El comunicador puede ser un puente entre las comunidades y las instituciones.
Puede ayudar a que una necesidad sea escuchada, a que una iniciativa sea conocida, a que un proyecto consiga aliados y a que una persona que necesita ayuda encuentre una puerta abierta, pero, además, puede contribuir a cambiar la narrativa sobre las comunidades vulnerables.
No se trata solamente de mostrar carencias, también debemos mostrar capacidades, talentos, emprendimientos, esfuerzos, logros y ejemplos de personas que, aun enfrentando dificultades, trabajan para transformar su realidad.
Un camino construido desde el servicio
Mi trayectoria en el trabajo comunitario ha estado vinculada a diferentes instituciones, fundaciones, organizaciones sociales y comunidades.
Desde Manoguayabo hasta diferentes barrios de Santo Domingo Oeste; desde los sectores vulnerables de la capital hasta las comunidades rurales del país, cada experiencia ha dejado una enseñanza.
He aprendido que comunicar es escuchar antes de hablar, conocer antes de juzgar y acercarse antes de contar una historia.
También he aprendido que una nota de prensa, una fotografía, una entrevista, una publicación en redes sociales o una estrategia de relaciones públicas pueden parecer herramientas sencillas, pero utilizadas correctamente pueden ayudar a movilizar voluntades y generar oportunidades.
Por eso entiendo la comunicación como una forma de servicio.
Porque cuando una historia logra que alguien se interese, cuando una necesidad consigue una respuesta, cuando una comunidad se organiza y cuando una persona encuentra una oportunidad gracias a que su realidad fue visibilizada, entonces la comunicación ha cumplido una de sus funciones más nobles.
Comunicar también es servir y ese ha sido, durante años, uno de los caminos que he decidido construir: poner la comunicación al servicio de la gente, acompañar a las comunidades y aportar, desde mi profesión, ese pequeño granito de arena que puede contribuir a transformar muchas vidas.
Cuando comunicar también significa servir: el impacto de la comunicación en las comunidades
La comunicación tiene el poder de informar, orientar, conectar y sobre todo, transformar, cuando se pone al servicio de las comunidades, deja de ser únicamente una profesión para convertirse en una herramienta capaz de visibilizar necesidades, acercar soluciones y acompañar procesos que buscan mejorar la calidad de vida de las personas.
Mi acercamiento al trabajo comunitario comenzó prácticamente al mismo tiempo que mis primeros pasos en la comunicación, en ese proceso fui descubriendo que detrás de cada comunidad hay historias, necesidades, sueños y personas dispuestas a trabajar para producir cambios, y entendí que el comunicador puede desempeñar un papel fundamental para que esas historias sean conocidas y para que las iniciativas sociales puedan llegar a quienes más las necesitan.
Durante mi formación en la Escuela Nacional de Locución Otto Rivera, tuve la oportunidad de conocer al pastor Leonardo Castro, quien me invitó a conocer la Fundación de Niños Mi Barca de Amor, en Pueblo Chico, Manoguayabo.
Cada sábado acudíamos a cubrir las diferentes actividades que se desarrollaban con los niños, entre ellas manualidades, formación humana y otras iniciativas educativas, con el tiempo, aquella experiencia fue mucho más allá de una cobertura periodística: terminé convirtiéndome en su relacionista pública.
Esa experiencia me permitió comprender que comunicar también significa involucrarse, conocer de cerca las realidades y utilizar las herramientas de la comunicación para fortalecer proyectos que impactan positivamente a las personas.
*Comunicación y trabajo social en Santo Domingo Oeste*
Vinicio Aquino entregando líneas de procesos, junto a su hermano Ramón Figueroa.Posteriormente, a través del periodista Joel Suero, conocí a Vinicio Aquino, con quien comencé a trabajar en relaciones públicas. El trabajo se desarrollaba principalmente en distintos barrios necesitados del municipio Santo Domingo Oeste, donde participábamos en jornadas sociales y actividades dirigidas a familias y personas en condiciones de vulnerabilidad.
Aquellos recorridos por los barrios me permitieron conocer una realidad que muchas veces no aparece en los grandes titulares: comunidades que necesitan ser escuchadas, acompañadas y conectadas con quienes pueden aportar soluciones.
Juramentación de la Federación de Mujeres Las GolondrinasMás adelante, la reconocida comunitaria, Juana Pichardo me invitó a formar parte de la Federación de Mujeres Las Golondrinas, organización de la cual soy fundadora y donde he desempeñado funciones relacionadas con la comunicación.
El propósito de esta federación ha sido contribuir al desarrollo de las mujeres mediante iniciativas que les permitan avanzar y generar oportunidades, emprendimientos, charlas educativas, cursos de cocina y costura, operativos médicos y otras acciones forman parte de ese trabajo comunitario.
En este escenario confirmé algo que considero esencial: cuando una comunidad se organiza y comunica sus necesidades, puede convertirlas en propuestas y buscar respuestas colectivas, dar visibilidad también es servir.
Operativo médico de la Dr.Carmen PereyraLa doctora Carmen Pereyra también me invitó a formar parte de la fundación que lleva su nombre, allí asumí la responsabilidad de comunicar y dar a conocer las acciones que realizaba la institución en beneficio de la comunidad.
Operativos médicos, capacitaciones y diferentes servicios sociales requerían no solamente ser ejecutados, sino también comunicados correctamente para que las personas pudieran conocerlos y aprovecharlos.
Esto demuestra que la comunicación tiene una doble función dentro de los proyectos sociales: visibiliza lo que se hace y facilita que quienes necesitan ayuda puedan encontrarla.
De igual manera, Pablo Valdez me invitó a formar parte del Club Nuevo Ambiente (ASOCLUBNUAM), desde donde se desarrollaban iniciativas dirigidas especialmente a jóvenes y adolescentes, incluyendo acciones educativas relacionadas con la prevención del embarazo en adolescentes.
Cada experiencia ampliaba mi visión sobre el papel que puede desempeñar un profesional de la comunicación cuando decide colocar sus conocimientos al servicio de la sociedad.
El presidente de la Federación Nacional de Mototaxista (UNAMOTAXI), Esteban Beltre, me solicitó para colaborarle con la dirección de comunicación de la entidad y ha sido una gran experiencia, ya que junto a otros periodista y comunicadores hemos apoyado a ese sector desde el inicio de su organización, hemos sido parte de cada proceso de su desarrollo.
Uno de los capítulos que más fortaleció mi vínculo con las comunidades fue mi experiencia junto al Área VII de Salud, dirigida en ese momento por el doctor Félix Roa.
Fui contratada para trabajar en las relaciones públicas de esa institución, función que desempeñé durante dos años de manera honorífica.
Desde allí pude acompañar iniciativas dirigidas a sectores vulnerables de Santo Domingo Oeste, incluyendo jornadas de salud, prevención y otras acciones comunitarias.
El contacto directo con los munícipes me permitió comprender que la comunicación en el área social no puede hacerse únicamente desde una oficina, hay que salir, caminar los barrios, escuchar a la gente y conocer de primera mano cuáles son sus preocupaciones.
*Del trabajo comunitario local al ámbito nacional*
Junto al exdirector de INAVI, Félix Grullón y el equipo de camino a la vivienda de una familia necesitada a brindarle apoyo.Posteriormente asumí funciones como encargada de comunicación en el INAVI, junto a Félix Grullón, experiencia que amplió considerablemente el alcance territorial de mi trabajo.
Las jornadas llegaron a diferentes zonas vulnerables del país, donde se trabajaba con familias de escasos recursos a las que se les entregaban enseres del hogar, útiles escolares y otras facilidades destinadas a contribuir con su bienestar.
La comunicación adquiría entonces una dimensión nacional: no solamente se trataba de contar lo que se estaba haciendo, sino de acompañar procesos humanos, conocer historias familiares y comprender que detrás de cada ayuda hay una necesidad concreta.
*Una experiencia que comenzó en mi propio sector*
El trabajo comunitario también llegó a mi propia casa, en el sector San Benito, fui elegida presidenta de la Junta de Vecinos, responsabilidad desde la cual hemos desarrollado un trabajo constante para gestionar soluciones a necesidades de la comunidad.
Entre los logros alcanzados figuran acciones relacionadas con la iluminación, reparación de calles, construcción de drenajes pluviales, saneamiento de cañadas y otras obras.
Esta experiencia me ha permitido comprobar que la comunicación comunitaria no necesariamente requiere cámaras, micrófonos o grandes escenarios.
A veces comienza con una reunión de vecinos, una carta, una gestión ante una institución, una conversación con un funcionario o simplemente con la capacidad de organizar a un grupo de personas alrededor de una necesidad común.
Comunicar desde el campo dominicano
Junto al director del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA), Hecmilio Galván.Actualmente, mi trabajo en el Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA), dirigido por Hecmilio Galván, me ha permitido continuar desarrollando esta visión desde una perspectiva nacional.
Como encargada de comunicación, he tenido la oportunidad de acompañar diversas jornadas sociales en comunidades y zonas vulnerables del país, teniendo contacto con agricultores, mujeres emprendedoras, jóvenes y familias que trabajan diariamente para salir adelante.
Este trabajo me ha permitido recorrer distintas zonas rurales y conocer de cerca las realidades de nuestra gente.
Explorar las lomas, caminos y comunidades del país me ha enseñado que República Dominicana tiene historias extraordinarias que merecen ser contadas.
Historias de agricultores que trabajan desde antes de que salga el sol; de mujeres que emprenden para sostener a sus familias; de jóvenes que buscan oportunidades; y de comunidades que, a pesar de sus dificultades, mantienen intacta la esperanza.
*La comunicación como puente*
Después de tantos años vinculada al trabajo comunitario, considero que la comunicación tiene una responsabilidad que va mucho más allá de informar.
El comunicador puede ser un puente entre las comunidades y las instituciones.
Puede ayudar a que una necesidad sea escuchada, a que una iniciativa sea conocida, a que un proyecto consiga aliados y a que una persona que necesita ayuda encuentre una puerta abierta, pero, además, puede contribuir a cambiar la narrativa sobre las comunidades vulnerables.
No se trata solamente de mostrar carencias, también debemos mostrar capacidades, talentos, emprendimientos, esfuerzos, logros y ejemplos de personas que, aun enfrentando dificultades, trabajan para transformar su realidad.
Un camino construido desde el servicio
Mi trayectoria en el trabajo comunitario ha estado vinculada a diferentes instituciones, fundaciones, organizaciones sociales y comunidades.
Desde Manoguayabo hasta diferentes barrios de Santo Domingo Oeste; desde los sectores vulnerables de la capital hasta las comunidades rurales del país, cada experiencia ha dejado una enseñanza.
He aprendido que comunicar es escuchar antes de hablar, conocer antes de juzgar y acercarse antes de contar una historia.
También he aprendido que una nota de prensa, una fotografía, una entrevista, una publicación en redes sociales o una estrategia de relaciones públicas pueden parecer herramientas sencillas, pero utilizadas correctamente pueden ayudar a movilizar voluntades y generar oportunidades.
Por eso entiendo la comunicación como una forma de servicio.
Porque cuando una historia logra que alguien se interese, cuando una necesidad consigue una respuesta, cuando una comunidad se organiza y cuando una persona encuentra una oportunidad gracias a que su realidad fue visibilizada, entonces la comunicación ha cumplido una de sus funciones más nobles.
Comunicar también es servir y ese ha sido, durante años, uno de los caminos que he decidido construir: poner la comunicación al servicio de la gente, acompañar a las comunidades y aportar, desde mi profesión, ese pequeño granito de arena que puede contribuir a transformar muchas vidas.




























